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sábado, 18 de mayo de 2013

Crímenes de odio por homofobia: un concepto en construcción

ENSAYO. Crímenes de odio por homofobia: un concepto en construcción*


http://www.notiese.org/notiese.php?ctn_id=6584
Rodrigo Parrini y Alejandro Brito
Ilustraciones: Carlos Fernández Moreno
México DF, mayo 13 de 2013.
Este concepto jurídico se empezó a utilizar en América Latina en la década de los noventa. Hasta ahora, ha sido más una herramienta política que jurídica. Para comprender mejor el término y facilitar su utilización, los autores emprendieron este análisis de sus significados e implicaciones.
Carlos Monsiváis señala que fue la prensa la que, de alguna manera, inventó la homosexualidad en el país. El escándalo de los 41 fue, ante todo, una construcción de la prensa de la época que le dio amplios espacios, siguió sus pormenores y lo comentó profusamente. La invención de la que habla Monsiváis no es la de una conducta, por supuesto, ni la de un deseo, es la de un tema de opinión pública, que no sabrá sino intensificarse durante el siglo XX.
La relación entre homosexualidad, violencia y aparatos policiales es una constante en más de cien años de historia impresa. Es, ante todo, una construcción ideológica que posiciona a la homosexualidad en los límites de un orden social, ya sea mediante la muerte violenta, el delito o la nota chusca y ridiculizante.
Si la prensa, junto con otras formas de producción cultural, cooperó en la invención de la homosexualidad como un tema de opinión pública, su efecto no sólo fue hacer visibles a determinados sujetos y sus modos de vida, que habían permanecido soslayados; también creó una forma de pensarlos. Cuando se comienza a pensar la homosexualidad, al menos en la prensa, se lo hace a través de dos mecanismos fundamentales: el escándalo y el escarnio. Esta perspectiva permanecerá a lo largo del siglo XX y sólo comenzará a transformarse hacia los fines de ese siglo y principios del siguiente, momento en que los discursos de los derechos humanos y la ciudadanía comienzan a infiltrarse en algunos periódicos.
Así, la muerte de individuos homosexuales ha sido, fundamentalmente, motivo de escarnio. Un escarnio que se refracta en dos direcciones: por un lado, hacia las víctimas, culpables de sus propias muertes; pero también hacia las comunidades y colectivos de homosexuales, de lesbianas o de personas trans, dado que anuncia lo que les podría suceder. En el caso de las víctimas, su desviación se consuma en su asesinato; en el de las comunidades, potencialmente, podría ocurrirles lo mismo (a sus integrantes).
Los asesinatos de hombres gays vistos por La Prensa
Ningún otro periódico publica de manera más sistemática noticias sobre asesinatos de homosexuales, lesbianas o personas trans que el diario La Prensa. Este periódico, destinado a un público popular, escrito en un lenguaje sencillo y con fotos muy elocuentes, es la fuente principal de información sobre el tema aludido. Sólo en la última etapa, desde el año 2000 en adelante, este periódico renuncia a cierta retórica presente en todas sus notas anteriores a ese año.
Dicha retórica muestra tres características fundamentales. En primer lugar, describe de manera casi objetiva el tipo de crimen que se cometió. Luego, reproduce las versiones policiales preliminares. En tercer lugar, relaciona sistemáticamente el asesinato de un homosexual o una persona trans con su identidad sexual.
Esa relación se establece mediante tres grandes justificaciones o explicaciones del crimen, que habitualmente se atribuyen a fuentes policiales o judiciales. La primera, y quizás la más relevante, es el carácter supuestamente pasional del crimen. Nunca se justifica esta explicación y más bien se deduce que si la víctima era homosexual, su muerte se debería a razones pasionales.
La segunda, es la rareza de las costumbres de la víctima. Aun cuando no se menciona la pasión como razón de un asesinato, las "costumbres raras" lo explicarían. Por último, pero en menor medida, los crímenes se explican por una ofensa a la masculinidad del agresor perpetrada por la víctima homosexual o trans, mediante coqueteos, insinuaciones o tocamientos. La conducta y las intenciones del homosexual explicarían la reacción de los asesinos y justificarían su respuesta (mortífera).
Si bien difieren, las tres explicaciones periodísticas coinciden en un punto: el asesinato siempre se explica por la víctima y no por el victimario.
Pasión
En una nota del mencionado periódico se lee:
"En el corazón de la zona rosa de esta capital un individuo fue cosido a puñaladas en su departamento por dos sujetos tipo militar, quienes se encuentran prófugos de la justicia. La Policía Judicial presume que se trata de un crimen pasional". (La Prensa, 18 de mayo de 1995)
Es una forma típica de organizar el relato. Primero, se describe el crimen, luego se aventuran explicaciones. Pero entre una y otra parte hay un salto argumental y lógico que nunca se percibe o no se corrige. Por ejemplo, en este caso, es difícil entender por qué una muerte como la que se describe tendría el carácter de un crimen pasional. ¿Dónde está la pasión en este caso?, ¿en la saña con que se cometió, en la semejanza de los involucrados –todos son hombres? La pasión no está en los hechos ni en los victimarios, fundamentalmente. La pasión está en la víctima, es su atributo hipotético y resulta de su homosexualidad. Así, el razonamiento opera del siguiente modo: si la víctima es homosexual, entonces su crimen es pasional.
Algunas notas intentan presentar las "pruebas" que demuestren que un crimen es pasional. En el caso de un bibliotecario de una universidad pública de la ciudad de Puebla, que fue asesinado con 34 puñaladas y cuyo cadáver fue encontrado en la cajuela de su automóvil, el reportero indica que el crimen se "perfila" como uno de tipo pasional "porque el ahora occiso mantenía relaciones de tipo homosexual con varias personas y el día que desapareció andaba de parranda con varios hombres y travestis en la zona centro de Puebla".
El cadáver presenta más de 30 puñaladas y está en la cajuela de un carro, pero el asesinato es pasional. Nunca se dice que podría tratarse de una ejecución, dadas las características. Las amistades de la víctima y sus costumbres explicarían el crimen.
Esta relación entre homosexualidad y violencia es sistemática en estas notas. Corresponde, como hemos dicho, a una inversión de los actos y las responsabilidades. Si un homosexual o una persona trans son asesinados entonces las explicaciones deben encontrarse en sus vidas y sus relaciones. La culpa, en última instancia, reposa en el cadáver y no en el victimario.
Rareza
Como si se utilizara un molde en la escritura, en las notas se repite que las víctimas tenían "costumbres raras". En un caso en el que la víctima fue castrada, la nota comienza así:
"Un crimen de hombres de costumbres raras, ocurrió ayer en una estética de la Delegación Tláhuac, donde fue descubierto el cadáver desnudo de un hombre degollado con un bisturí, al que además le provocaron lesiones en sus partes nobles para castrarlo". (La Prensa, 13 de agosto de 2002)
Sólo se tienen algunos datos de la víctima y se supone que es homosexual porque el cadáver fue encontrado desnudo en una estética. Pero, a partir de eso, se supone que su victimario también lo es. Nuevamente, la violencia del asesinato pasa a un segundo plano y la rareza de las costumbres abre la nota. Que el cadáver haya sido degollado y castrado es menos importante que la rareza.
De ese modo, en ésta, como en casi todas las notas, la homosexualidad se transforma en la principal característica de las víctimas y permite desplazar la violencia de los asesinatos. Permite la conformación de un razonamiento tautológico que podría resumirse así: el homosexual es asesinado porque es homosexual. Esta forma de construir y relatar los hechos es considerada por algunos investigadores como una pedagogía que enseña al público los "peligros" de la homosexualidad.
Seducción
Una tercera forma de explicar estos crímenes son los intentos de seducción o de abuso que la víctima habría cometido contra el victimario. Curiosamente, son los únicos casos donde se cuenta con la versión del asesino. Y éste argumenta que el crimen fue una respuesta a los intentos de la víctima de seducirlo o de tener sexo con él.
En un caso, ocurrido en 1995, tres hombres asesinan a otro a golpes y los detienen. En la nota se indica: "Los tres presuntos asesinos dijeron que AH les hizo proposiciones indecorosas, discutieron y pelearon". Los tres hombres se habrían defendido de las proposiciones indecorosas de la víctima. La respuesta es la muerte.
En otro caso, la nota es más larga y el relato más detallado:
"Un lavacoches sacrificó a varillazos a su patrón supuestamente porque éste pretendió abusar de él (…). El presunto responsable confesó ante las autoridades ministeriales que al anochecer del sábado se encontraba en la residencia aseando un vehículo cuando su patrón lo llamó al interior de la vivienda. Supuestamente el lavacoches entró confiado a la casa (…) pero su jefe intentó abusar de él, por lo que opuso resistencia primero con forcejeo, pero después comenzó a golpearlo con una varilla hasta dejarlo inconsciente (…). Pero para la policía quedan múltiples dudas, la varilla o tubo que fue utilizado como arma no apareció, se encontraron indicios de que al menos otra persona estuvo en el lugar de los hechos y había un gran desorden en la casa". (La Prensa, 20 de julio de 1998)
La explicación que elabora el lavacoches no es antojadiza. Si se la puede esgrimir ante la policía es porque es plausible en términos narrativos y sociales.
Al igual que las razones pasionales, no hay proporción entre los motivos y los actos, entre las justificaciones y las conductas. Si cuando se mencionaba la rareza era la identidad de la víctima la que permitía conocer al victimario y establecer los motivos del crimen, en este caso es su deseo el que explicaría las reacciones de los victimarios.
Pasiones y violencias
En un reportaje publicado por el diario Reforma, titulado "Homofobia e impunidad", se hace un recuento de los asesinatos que hasta 1999 había registrado la Comisión Ciudadana contra los Crímenes de Odio por Homofobia (CCCOH). En el Distrito Federal, de 1995 a ese año, se contaban 65.
Entre otros, el periodista entrevista a un criminólogo que, contra la versión de la CCCOH, sostiene que esos crímenes son de tipo pasional, que han sido cometidos fundamentalmente por otros homosexuales, y que la violencia que este colectivo experimenta no es distinta a la que existe en la ciudad de México en ese momento.
Para justificar el carácter pasional de estos crímenes aduce la saña como una de sus características. "En estos crímenes", dice el especialista, "hay una emoción contenida, rabia, celos (…). Piense usted en los homicidios que son cometidos por los amantes; son homicidios muy crueles en los que los golpes son muy brutales, donde las puñaladas resultaron 40, no bastó una tampoco, hay incluso casos de mutilación… en víctimas femeninas les cortan los pechos o las mutilan cortándoles las cara, la nariz, las orejas, incluso después de muertas".
Esta es una descripción exacta de los asesinatos seriales cometidos en Ciudad Juárez en los años noventa, por ejemplo. Para que el feminicidio fuera tipificado fue necesario desmentir el carácter pasional de esos crímenes.
De acuerdo con expertos, el crimen pasional, que tiene como característica principal el obnubilamiento de la razón por efecto de una emoción violenta, supone una disminución momentánea, pero aguda, de la capacidad "de observar, pensar, reflexionar, tomar conciencia de su voluntad para relacionar sus actos con el hecho típico". La pregunta que debe responderse es si los crímenes descritos hasta ahora corresponden a esta fenomenología de la violencia. La respuesta es no, claramente.
La saña no es signo de confusión, sino de un encono que se consuma en la víctima y su cadáver. Los cuerpos inmovilizados con amarras, lanzados desde vehículos, ocultos, quemados, indican una planificación del crimen, al menos secuencial con su ocurrencia. Los sujetos que han cometido los crímenes que hemos descrito sabían muy bien lo que hacían y cuando pudieron se beneficiaron de sus resultados.
Lo que subyace a esta pugna semántica y jurídica no es sólo la definición de un tipo de asesinato, sino la comprensión de cierta clase de relaciones sociales. En los homicidios por homofobia, al distinguir las emociones involucradas en relaciones amorosas o sexuales de aquellas que se pueden deducir de la violencia que han experimentado las víctimas, y al diferenciar los motivos de la pasión de las razones de la violencia, podemos aclarar el sustento estructural de este tipo de crímenes y su inscripción cultural en representaciones discriminatorias y denigrantes.
*Publicado en el número 202 del Suplemento Letra S del periódico La Jornada el jueves 2 de mayo de 2013
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